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La compasión

Cómo la compasión ayuda a perdonar y a renacer al mundo

Por

Parábola del Buen Samaritano por Jan Wijnants

El Buen Samaritano es un ejemplo de la capacidad humana para la compasión. Parábola del Buen Samaritano (1670) por Jan Wijnants (1632–1684, óleo sobre lienzo, 50" × 53.9", Hermitage Museum

Jan Wijnants © Dominio público
¿Eres una de esas personas que tienen la tendencia a culparse por todo y a analizar cada detalle en busca de imperfecciones? Yo tengo que confesar que lo soy. Y aunque es bueno autoexaminarse, en mi caso llegó a volverse una tortura. Con los años, y con mucha paciencia, tuve que aprender a perdonarme. Algo interesante ocurrió cuando aprendí a ser más compasiva conmigo misma: me volví más compasiva con los demás. Y la compasión volvió mi existencia mucho más agradable. ¿Por qué?

Los seres humanos pasan muchas horas del día criticando, chismeando y quejándose de todo. Si a esas horas se le añaden las que pasan autocriticándose y reviviendo los momentos malos, no es raro que la vida se haga tan corta, dolorosa y poco satisfactoria.

Mientras tanto, no hay tiempo para hacer lo contrario: ayudar al prójimo, tratar bien a los demás, compartir, promover la justicia y darse la oportunidad de intentar de nuevo aquello que se desea lograr.

El ser humano vive desde su mente que, desde su punto de vista, es el centro del universo. Se olvida de que el sufrimiento ajeno está ligado al sufrimiento propio. Al olvidarse de la compasión, el ser humano pierde la oportunidad de recibirla. Se aísla y sufre.

La compasión es para la vida milagrosa lo que comer o dormir son para la salud del cuerpo. La compasión es la conexion al resto de la humanidad, y la manera de mantenerse alerta a las necesidades del mundo que a su vez nutre al individuo.

Ponte en el lugar de los demás

La compasión tiene dos componentes. Es entender el sufrimiento ajeno y es desear aliviarlo. La compasión es empatía y solidaridad.

Cuando alguien te hiere, tienes dos opciones. Una es enojarte y sentirte agredido, contárselo a todo el mundo y retornar el mal que te hizo la persona. La otra es intentar ponerte en sus zapatos, tratar de entender por qué actuó así la persona.

La primera manera es la más satisfactoria en el momento. La segunda manera es más difícil, pero tiene una gran ventaja: te ayuda a dejar ir el dolor al comprender que las acciones agresoras de otras personas vienen de su propio dolor.

También pone fin a la situación y te da fuerza para tomar acciones positivas que los liberen a ambos de más dolor.

Trata a otros como quieras que te traten

La clave de la compasión en acción es poner en práctica la regla de oro: “Trata los demás como quieras que te traten”. Seguir esta regla es a la vez dar un buen ejemplo y estar bajo la Gracia Divina. Creas o no creas en el concepto del karma, del pecado o del castigo, no sería lógico tratar mal a otras personas y esperar que te traten bien.

El problema es que con el pasar de los años y la acumulación de sufrimiento, a veces el ser humano siente que no merece ser tratado bien. Esto se refleja en su trato hacia los demás.

La autocompasión

¿Alguna vez has conocido a una de esas personas que siempre están de mal humor, son solitarias y se pelean con todo el mundo? Da miedo acercárseles porque es casi seguro que agreden a quien lo intente. Pero si alguna vez lo intentas, podrás encontrar algo inesperado dentro de ese tipo de ser. Puede que de repente te sorprenda con un gesto de inmensa bondad. Bondad que muchas veces no saben expresarse a sí mismos.

Sienten que no se merecen compasión y por la misma razón no la pueden dar. La compasión comienza con el ser. No basta con “tratar como se quiere ser tratado” sino que también hay que evitar dejarse engañar por el sufrimiento propio.

Practicar compasión para sí mismo es como crear un molde para reproducir la compasión por los demás. Para lograrlo, se debe tener en cuenta lo siguiente:

  • La bondad hacia el propio ser: Ser compasivo con uno mismo cuando se enfrenta el dolor y los errores en vez de infligirse más dolor con autocríticas excesivas.
  • Humanidad con el propio ser: Reconocer que el sufrimiento y los fallos son parte de la experiencia humana y pueden ser fuentes de crecimiento.
  • Hacer conciencia: Mantener el balance de las emociones y reconocerlas sin evadirlas ni exagerarlas. Evitar concentrarse en las emociones y pensamientos negativos.
La compasión abre el corazón para llegar a perdonar y renacer al mundo como una persona nueva. Se extiende del ser al prójimo al reconocer que el ser humano es parte de un todo y que cada acción propia afecta a los demás. La compasión es la brújula que indica el camino correcto hacia el Amor.

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